SOMOS ARRENDATARIOS
La parábola, tercera sobre la viña, que dedica san Mateo y que se lee hoy, nos ayuda a dar gracias por la misión que el Señor nos ha encomendado: el cuidado de la viña, el trabajo en el Reino. No caigamos en la tentación de hacernos poseedores y dueños de lo que le pertenece a Dios. La avaricia de los labradores les ciega impidiendo ver la gracia y el don recibidos. Su ceguera les lleva a matar al dueño de la viña, creyendo que así se harán con ella. El afán posesivo de los sacerdotes y ancianos del pueblo de creerse dueños del mismo Dios, les impide descubrir al Mesías Salvador. Es Jesús, hijo del dueño de la viña, a quien sacarán fuera de la viña, de la cuidad, para que lo asesinen, considerando que así podrán usar la viña a su antojo.
Somos peregrinos, usufructuarios, arrendatarios, usuarios, trabajadores en una viña, un hogar, una casa común, de la que hemos sido llamados a custodiar, cuidar, preservar, hacer que de frutos de justicia, de verdad, de paz y prosperidad. La supratecnología, los beneficios desorbitados, la macroeconomía, la globalización y el uso de la persona como máquina de producción, la sobreexplotación, el agotamiento de los recursos, la superproducción, han convertido el primigenio jardín, a causa del pecado que ciega el corazón y el sentido, en una viña a la que le negamos la entrada a su dueño. El hombre no solo ha expulsado al hijo, sino que cierra la puerta al dueño. No hemos adueñado de lo recibido sin conciencia de paso fugad por este mundo, creyendo que el tiempo que estamos debemos quemarlo todo. Igual es una visión tremendista y negativa, pero los días aciagos que nos bombardean de violencia verbal por todas partes, no es fácil encontrar un lenguaje conciliador. Pero, hagamos un esfuerzo y recordemos que el Evangelio es buena noticia, y hoy el dueño de la viña viene a buscar frutos de justicia.
Somos arrendatarios en la viña del Señor, cuidadores y llamados a que lo recibido de su amor de frutos de vida en la paz y la alegría.
Buen domingo
Amén
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