viernes, 27 de marzo de 2020

MEDITACION DEL PAPA EN LA BENDICIÓN URBI ET ORBE

Escuchamos la Palabra del Señor del Evangelio según Marcos 4, 35-41

Al atardecer de ese mismo día, les dijo: «Crucemos a la otra orilla». Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?». Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen».


Texto de la meditación del papa:

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.

Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús.

Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—.

Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38).

No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.

La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.

No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.

Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.

Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.

El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.

El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios.

Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil Señor y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).

REFLEXIÓN PARA EL DÍA 9º REUNIDOS RECIBIMOS LA FUERZA DEL ESPÍRITU

REFLEXIÓN PARA EL DÍA 9º
REUNIDOS RECIBIMOS LA FUERZA DEL ESPÍRITU

He leído hace un momento un artículo que se titulaba "Un nuevo Pentecostés". Hacía el paralelismo entre ese día maravilloso en que los apóstoles reciben el don del amor de Dios prometido por el Señor Resucitado y nuestros hogares y la acción de la Iglesia que sale al encuentro de las personas heridas por esta pandemia. Una herida profunda que se clava en las carnes de nuestra sociedad haciéndola gustar el amargo sabor del sufrimiento. 

El día de Pentecostés aquellos hombres y mujeres, con María en el centro, están encerrados en casa por miedo. No se atreven a salir. Pero están en oración. No han perdido la esperanza, y una vez más, María, como icono de la Iglesia naciente, da la clave: la unidad. Una unidad de espíritus que anima a no caer en el pesimismo. Saben que fuera está el reto de anunciar a Cristo, crucificado, muerto, sepultado, que desciende a lo más recóndito de la muerte de la humanidad: ¿Cómo hacerlo? Pues experimentando en ellos mismo el nacer a la vida nueva que engendra el Espíritu. María, anima a decir sí a la fuerza que viene de lo alto, al fuego derramado en los corazones de los que confían. A decir sí al amor.

Hoy, desde nuestros medios de comunicación, Dios entra con esa misma fuerza en nuestros hogares, nos arrebata el miedo convirtiéndolo en la fe confiada en quien entrega a su Hijo que se identifica con nuestro sufrimiento. Hoy, Cristo se hace presente con la palabra pronunciada en el Cenáculo: Paz a vosotros, no tengáis miedo.

Hermanos y hermanas. Dios nos bendice y nos une

Xabier Alonso

novena PARA EL DÍA 9º REUNIDOS RECIBIMOS LA FUERZA DEL ESPÍRITU

Este último día de la novena que hemos recorrido estos días finaliza con la celebración desde Roma de la oración y bendición que el Papa Francisco impartirá a todo el mundo. Una bendición excepcional en este singular tiempo marcado por el sufrimiento. Es una invitación a estar unidos en una sola plegaria, con todos, creyentes y no creyentes, con las otras confesiones religiosas. 

REZO DEL SANTO ROSARIO

MISTERIOS DOLOROSOS
(Martes y Viernes)

1º Misterio: Oración y agonía de Jesús en le huerto de los olivos.

Chegou a unha finca chamada Xetsemaní, e díxolles ós discípulos: “Morro de tristura, quedade aquí, e vixiade”. E avanzando un pouco caeu no chan, rogando para que se fose posible pasase del aquela hora. E dicía: “Abbá, meu Pai, ti pódelo todo, arreda de min este cáliz. Pero non se faga o que eu quero, senón o que queres ti”. (Marcos 14,32- 38)

o Hagamos memoria cual es la voluntad de Dios para nosotros.
o Contemplemos la fortaleza y la entrega del Señor.
o Demos gracias por cuantos aceptan su dolor y sufrimiento.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, por los enfermos y
los necesitados. Oremos por los sanitarios, los cuidadores de mayores, las familias con discapacitados y ancianos.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Señor, concédeno-la graza
de pensármo-lo que é xusto
e de o cumprirmos con dilixencia.
A nós, que non podemos existir sen ti,
fainos vivir conforme á túa vontade.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

2º Misterio: La flagelación del Señor

E Pilato, para compracer ó pobo, soltou a Barrabás; e a Xesús, despois de o azoutar,  entregouno para que o crucificasen. (Marcos 15, 15)

o Hagamos memoria de los golpes injustos que llevan los inocentes.
o Contemplemos el silencio del Señor.
o Demos gracias por nuestras flaquezas.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, por los flagelados por la pobreza y la indiferencia. Por los que están en la calle, los refugiados y migrantes, por los descartados de la sociedad

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Noso Deus, Pai eterno,
volve cara a ti os nosos corazóns,
para que nos consagremos sempre ó teu sevicio.
Fai que, buscándote sempre a ti,
que es o único necesario,
e amándonos uns ós outros,
te glorifiquemos en espírito e en verdade.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

3º Misterio: La coronación de espinas

Os soldados, levárono, para dentro do pazo do gobernador. Vestírono de púrpura,
e trenzaron unha coroa con espiños e encaixáronlla... e cunha canivela dábanlle golpes na
cabeza e cuspían nel. (Marcos 15, 16-18)

o Hagamos memoria de los que soportan desprecio y burla.
o Contemplemos que la corona del Señor es el amor.
o Demos gracias por los que coronan su vida con las virtudes del Reino.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, por los pueblos en guerra y sus víctimas. Pidamos para que desterrado el individualismo caminemos hacia un proyecto donde prime el bien común y el cuidado de los débiles.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Señor, ti áma-la inocencia
e vólvela a quen a perdeu.
Dirixe cara a ti os corazóns dos teus fillos
e concédeno-lo fervor do teu Espírito,
para que permanezamos firmes na fe
e as nosas obras sexan xustas.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

4º Misterio: Jesús carga con la cruz camino del Calvario.

Entón prenderon a Xesús. Cargando el mesmo coa cruz, saíu para o lugar chamado a Caveira, que se di Gólgota en hebreo. Alí crucificárono, xunto con outros dous, un a cada lado e Xesús no medio. (Xoán 19, 16-17)

o Hagamos memoria de nuestras flaquezas al llevar la cruz.
o Contemplemos el camino del Calvario, el camino del amor.
o Demos gracias por los Cirineos que alivian el peso de los demás.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, que abracemos nuestra cruz., que la vivamos en el silencio y con conciencia de entrega en el amor a Dios y a los demás.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, noso Pai,
ti quixeches que o teu Fillo
padecese por nós o suplicio da cruz,
para nos librares do poder do inimigo.
Concédenos ós teus fillos
alcanza-la graza da resurrección.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

5º Misterio: Jesús muere en la cruz.

Sabendo Xesús que xa todo estaba acabado, para que se cumprise plenamente a Escritura, dixo: “Teño sede”. Había alí un xerro cheo de vinagre. Entón, atando unha esponxa empapada de vinagre a unha cana de hisopo, achegáronlla á boca. Cando probou o vinagre dixo: “Está cumprido”. E, inclinando a cabeza, entregou o espírito. (Xoán 19, 28-29)



o Hagamos memoria de la muerte como un paso a la vida.
o Contemplemos la cruz de Cristo, en ella está nuestra salvación.
o Demos gracias porque el Señor nos libera de nuestras culpas.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, por nosotros pecadores. Que el Señor nos conceda la reconciliación y el perdón de nuestros pecados.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, noso Pai,
ti quixeches que o teu Fillo unixénito
morrese nunha cruz pola salvación de tódolos homes.
Concédenos a cantos coñecemos na terra este misterio
conseguir no ceo os premios da redención.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

Letanías en Honor da Virxe da Franqueira
(Tomadas de oraciones, cantos e himnos en honor da Virxe da Franqueira)

Señor ten Piedad  Señor ten piedad
Cristo ten Piedad  Cristo ten piedad
Señor ten Piedad  Señor ten piedad

Cristo óyenos   Cristo óyenos
Cristo escúchanos  cristo escúchanos

Dios Padre Celestial. Ten Misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo. Ten Misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo. Ten Misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un sólo Dios. Ten Misericordia de nosotros.

Santa María.    Ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios.
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de paz redentora
Madre querida
Mujer bendita
Servidora del Señor
Estrella luciente
Eterna luz de milagro
Piedra de amor
Divina Fuente de Gracias
Fuente de alegría
Fuente de paz
Fuente de consuelo
Fuente de amor
Fuente de unidad
Fuente de Luz y de Vida
Ave de alegrías
Corona de dones
Corona de gozos
Alba de clemencia
Dulce mediadora
Cetro de bondad
Hermosa más que el sol
Ternura de corazón
Abrazo tierno de madre
Reina de los montes
Reina da Paradanta
Señora de los mares
Atenta en el camino de los niños
Bendición del labrador
Bendición de nuestros campos
Protectora de nuestros trabajos
Refugio de romeros y peregrinos
Fortaleza en el camino
Consuelo de nuestras almas
Consuelo en nuestras lágrimas
Ánimo en nuestra dolencia
Alivio de los enfermos
Hermosa y esbelta
Fortaleza en la fe
Seguridad en la esperanza
Constancia en el amor
Refugio de los pecadores
Vida en nuestra muerte
Guía de eternidad
Reina y Virgen
Reina de los Ángeles
Reina de los Patricarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los que viven la fe
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina Inmaculada
Reina elevada al cielo
Reina del Rosario
Reina de las familias
Reina de las Misiones
Reina de la Evangelización
Reina de la Misericordia
Reina de la paz

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
Ten Misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Nosa Señora da Franqueira
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo

Oración
Te pedimos, Señor, que, nosotros tus siervos, gocemos de salud de alma y cuerpo, y, por la intercesión da Virxe da Franqueira, seamos libres de las tristezas presentes y disfrutemos de las alegrías del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén




NOSA SEÑORA DA FONTE A FRANQUEIRA
novena

ORACIÓN PARA TÓDOLOS DÍAS


Benaventurada Nai de Deus, venerada coa  secular advocación de Nosa Señora da Fonte de A Franqueira: queremos manifestarche con toda confianza os desexos do noso corazón. A Ti acudimos, Nai boa, sabendo que escoitas as oracións dos teus fillos.
A túa imaxe de pedra lémbranos a fortaleza da túa fe, a seguridade da túa esperanza, a constancia do teu amor. Ver a Xesús no teu colo, tráenos á memoria que a túa vida estivo ó seu servicio. Fai que a Palabra do Evanxeo resoe sempre no noso interior para que saibamos recoñecer o paso de Deus pola nosa vida.

¡Naiciña! Sentímonos necesitados e renovamos diante de ti a nosa confianza. Axúdanos sobre todo a descubrir o que nos pide Deus noso Pai. Queremos, coma ti, ser felices cumprindo a súa vontade, animados polo  Espíritu Santo que nos fai recoñecer a Xesús como Salvador de todos. A El a gloria por séculos de séculos.

Día 9º: “Con María en oración”
(Intención: A Igrexa Diocesana)

A luz da Palabra
Entón volveron para Xerusalén desde o chamado Monte das Oliveiras, que está cerca de Xerusalén. Logo que chegaron á casa, subiron ó cuarto onde residían; eran Pedro, Xoán, Santiago, Andrés, Felipe, Tomé, Bartolomeo, Mateo, Santiago o de Alfeo, Simón o Zelota e Xudas o de Santiago. E todos eles adicábanse á oración, coas mulleres e mais María a nai de Xesús e cos seus irmáns. (dos Feitos dos Apóstolos)

Reflexión

Xesús deixa tras de si unha comunidade plural e fraterna, Igrexa de persoas reais e concretas.
Adicarse con María á oración é facer memoria de Xesús e adianto da comuñón definitiva.
É na Igrexa diocesana, presidida polo Bispo, onde atopamos o Espírito do Señor Resucitado que nos impulsa á comuñón fraterna e ó anuncio do Evanxeo.

Preces

Unidos na oración con María e sentíndonos Igrexa, preguemos dicindo: 
DÁNO-LO TEU ESPÍRITO

- Pola nosa Igrexa de Tui-Vigo para que, vivindo na unidade, sexa instrumento da presencia de Cristo no mundo. Oremos.
- Polo bispo da nosa diócese, para que guíe como bo pastor a Igrexa a él encomendada. Oremos.
- Polos sacerdotes e os que teñen encomendadas labouras pastorais na nosa Diócese, para que sexan constantes no amor e no servicio ó pobo de Deus. Oremos.
- Polos que exercen a súa misión na busca da xustiza e no compromiso social, para que expresen co seu labor a construcción dunha sociedade xusta e fraterna. Oremos.
- Por todos nós, convocados como Igrexa, para que sexamos fermento do Reino no medio do mundo. Oremos.

- ...   ...   ... (intencións particulares).

Unidos na oración de Xesús rezamos: Noso Pai...

Oración

Deus noso Pai, polo teu poder e a túa bondade a Virxe María, froito excelso da Redención, resplandece como imaxe purísima da Igrexa. Concede á nosa Igrexa diocesana de Tui-Vigo, que a venera coa secular advocación de Nosa Señora da Fonte da Franqueira, te-los ollos fixos nela, para que realizando o mandado de Xesús, se entregue ó servicio do noso pobo. Por Cristo, noso Señor. Amén.


¡Salve, Raíña,
Nai de misericordia!
Vida, dozura e esperanza nosa, ¡Salve!
Por ti chamamos
os desterrados, fillos de Eva.
Por ti suspiramos,
sufrindo e chorando neste val de bágoas.
Por isto, Señora e avogada nosa,
volve cara nós eses teus ollos misericordiosos.
E, despois deste desterro,
móstranos a Xesús, froito bendito do teu seo.
¡Clementísima,
piadosa,
doce Virxe María!
Roga por nós, Santa Nai de Deus,
para que sexamos merecentes
das promesas de Cristo, noso Señor.
Amén. 

REFLEXIÓN PARA EL DÍA 9º
REUNIDOS RECIBIMOS LA FUERZA DEL ESPÍRITU

He leído hace un momento un artículo que se titulaba "Un nuevo Pentecostés". Hacía el paralelismo entre ese día maravilloso en que los apóstoles reciben el don del amor de Dios prometido por el Señor Resucitado y nuestros hogares y la acción de la Iglesia que sale al encuentro de las personas heridas por esta pandemia. Una herida profunda que se clava en las carnes de nuestra sociedad haciéndola gustar el amargo sabor del sufrimiento. 

El día de Pentecostés aquellos hombres y mujeres, con María en el centro, están encerrados en casa por miedo. No se atreven a salir. Pero están en oración. No han perdido la esperanza, y una vez más, María, como icono de la Iglesia naciente, da la clave: la unidad. Una unidad de espíritus que anima a no caer en el pesimismo. Saben que fuera está el reto de anunciar a Cristo, crucificado, muerto, sepultado, que desciende a lo más recóndito de la muerte de la humanidad: ¿Cómo hacerlo? Pues experimentando en ellos mismo el nacer a la vida nueva que engendra el Espíritu. María, anima a decir sí a la fuerza que viene de lo alto, al fuego derramado en los corazones de los que confían. A decir sí al amor.

Hoy, desde nuestros medios de comunicación, Dios entra con esa misma fuerza en nuestros hogares, nos arrebata el miedo convirtiéndolo en la fe confiada en quien entrega a su Hijo que se identifica con nuestro sufrimiento. Hoy, Cristo se hace presente con la palabra pronunciada en el Cenáculo: Paz a vosotros, no tengáis miedo.

Hermanos y hermanas. Dios nos bendice y nos une

Xabier Alonso














A LAS 6 DE LA TARDE NOS UNIMOS A LA ORACIÓN CON EL PAPA. BENDICIÓN


La Conferencia Episcopal Española pide unirse a la oración que presidirá el papa Francisco el viernes 27 de marzo de 2020. El Santo Padre presidirá a las 18.00 horas (hora local) un momento de oración en la Plaza de San Pedro. Se trata de un gesto con el que quiere universalizar la oración para luchar contra la pandemia del coronavirus. La retransmisión podrá seguirse en directo desde esta página web; también por TRECE, COPE y COPE.es.

“En estos días en los que la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, me gustaría proponer a todos los cristianos que unan sus voces“, anunciaba el Papa momentos después del rezo del Ángelus el domingo 22 de marzo.

“Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que al final daré la bendición Urbi Et Orbi, a la que se adjuntará la posibilidad de recibir indulgencia plenaria”, adelantaba el Pontífice.

El objetivo del Papa con esta cita es que todos nos mantengamos unidos en estos momentos difíciles: “Queremos responder a la pandemia del virus con la pandemia de oración, compasión, ternura“.

SEGUIREMOS DESDE ESTE SANTUARIO, UNIENDO ANTE LA VIRGEN, LOS DESEOS DE TODOS LOS ROMEROS Y PEREGRINOS, RECIBIENDO LA BENDICIÓN DEL SEÑOR.

RECIBIMOS A DIOS EN NUESTRAS VIDAS.

RENUEVO ANTE VOSOTROS MI DISPONIBILIDAD
PARA CUALQUIER NECESIDAD ME TENÉIS A VUESTRA DISPOSICIÓN

Javier Alonso Docampo
info@afranqueira.org
609472591/ 986960496
















jueves, 26 de marzo de 2020

REFLEXIÓN PARA EL DÍA 8º JESÚS ABANDONADO

REFLEXIÓN PARA EL DÍA 8º JESÚS ABANDONADO

El Papa Francisco, dirigiéndose a un grupo de jóvenes en Nápoles les dijo: “El más grande silencio de Dios fue la Cruz: Jesús oyó el silencio del Padre, hasta llamarlo abandono: Padre, ¿por qué me has abandonado? Y luego sucedió ese milagro de Dios, esa palabra, ese gesto grandioso que fue la Resurrección. Nuestro Dios es también el Dios de los silencios y (…) el silencio de Dios no digo que se pueda comprender, pero podemos acercarnos a los silencios de Dios mirando a Cristo crucificado, a Cristo que muere, a Cristo abandonado”.  

Es en este día, contemplando a María al lado de la cruz de su hijo cuando se me parte el corazón. Pero deseo aún así hablaros de esperanza. Estoy convencido que nuestra Madre de la misma forma está al lado de las camillas de tantos enfermos. El silencio y la soledad que están pasando intenta ser compensada con el trabajo de miles de profesionales que los cuidan, de sacerdotes que llevan el consuelo de Dios en los hospitales. De miles de oraciones de los creyentes que el silencio de su corazón contemplan aquí la cruz de Cristo. María está acompañando los hogares silenciosos de hombres y mujeres ancianos que están solos y que en las largas noches sienten la fragilidad de sus vidas. Pero también los cirineos que llaman por teléfono preguntando como están. De familiares que viven la lejanía física y que cada día se preocupan. De jóvenes y vecinos que les hacen la compra o les van a buscar sus medicinas.

Hoy quiero estar con María al lado de la cruz. Ser Juan, el discípulo amado, que la acoge en su casa y la hace suya y poder compartirla con los crucificados. Intentar comprender el misterio del dolor y del sufrimiento, convertirlo en la Cruz de Cristo en el grito del amor de Dios que se anonada. Que gran Misterio, el Dios que se abandona en las manos de los hombres. Jesús en la Cruz nos lo da todo, y nos da a su Madre, es el último desgarro. Da el perdón, la misericordia, promete el paraíso al ladrón, y de despoja de todo, lo entrega todo. 

Hoy quiero hacer silencio, y escuchar, no mis cosas, ni mis caprichos, ni mis tonterías y estupideces. Sino el silencio desgarrador de la muerte, que te quita el aire, que te pesa y aplasta. El silencio que se convierte en noche, pero que no agota la luz, sino que se hace camino para llegar al final.

Silencio, hoy deseo vivir el silencio y esperar con María la vida.

Os invito a entrar en el enlace que os proporciono. Es un largo artículo sobre la experiencia de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares. Descubre su vocación al amor y la unidad en la dramática segunda guerra mundial en Trento. En medio de la devastación, ayudando a los más desvalidos, encuentra la respuesta de Dios en su silencio, en el Jesús abandonado en la Cruz. El grito de cada crucificado "Oh Dios, ¿por qué me has abandonado?


Sigo orando por vosotros a los pies de María
Un abrazo
Xabier Alonso

Novena día 8º. JESÚS ABANDONADO NOS DA A SU MADRE


Seguimos este camino de oración

Rezo del Rosario
MISTERIOS LUMINOSOS
(Jueves)

1º Misterio: El Bautismo de Jesús.

Entón apareceu Xesús, que viña desde Galilea ó Xordán, para que Xoán o bautizara... Tan pronto como foi bautizado, Xesús saíu da auga. E velaí que se abriron os ceos, e viu o Espírito de Deus baixar como unha pomba ata se pousar enriba del. E oíuse desde o ceo unha voz: “Este é o meu fillo benquerido, o predilecto”. (Mateo 3, 13-17

o Hagamos memoria que Jesús es el “Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo”.
o Contemplemos la voz del Padre invitándonos a la escucha y al seguimiento de su
Hijo.
o Demos gracias por nuestro bautismo entrada en nuestra vida de creyentes.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, para que renovemos
nuestra fe y vivamos los compromisos bautismales. Una fe cada vez más fortalecida en estos momentos de prueba y que nos lleva a ser para los demás fuente del consuelo de Dios.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, noso Pai,
o teu Fillo único manifestouse
na realidade da nosa condición humana.
Concédenos que, así como externamente
recoñecémo-la súa semellanza connosco,
tamén nos renovemos internamente conforme á súa imaxe.
Por el, noso Señor e Deus,
que vive e reina por sempre eternamente. Amén.

2º Misterio: La autorevelación de Jesúsen las bodas de Caná.

Houbo un casamento en Caná de Galilea, e estaba alí a nai de Xesús. Tamén foi convidado Xesús e mailos seus discípulos ó casamento. Chegou a falta-lo viño e a nai de Xesús díxolle: “Non che teñen viño”. Replicoulle Xesús: “¿Que ten que ver iso comigo e contigo?. Aínda non chegou a miña hora”.Súa nai díxolle entón os servidores: “Facede o que el vos diga”... Foi así como fixo Xesús o primeiro dos signos en Caná de Galilea; manifestou a súa gloria, e creron nel os seus discípulos. (Xoán 2,1-11)

o Hagamos memoria de lo que arrebata nuestra felicidad.
o Contemplemos la intercesión de María por los que necesitan.
o Demos gracias porque el Señor cambia nuestra tristeza en alegría.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, por los novios que se preparan para celebrar su boda y que vieron trastocados sus planes. Por las familias que viven la angustia de la enfermedad y la muerte. Para que el vino nuevo de la esperanza en Dios de ánimo para llegar al final de esta etapa difícil.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, noso Pai,
ti quixeches dárno-la Sagrada Familia como exemplo.
Concédeno-la graza
de practicarmos coma ela as virtudes familiares
e de estar unidos polo vínculo do amor.
E xúntanos a todos na alegría eterna do teu fogar.
Por Xesucristo, o noso Señor. Amén.

3º Misterio: El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

Marchou Xesús a Galilea a anuncia-la Boa Nova de Deus, dicindo: “O tempo está cumprido, e chega o Reino de Deus; convertédevos, e crede na Boa Nova”. (Marcos 1, 14-15)

o Hagamos memoria de la Buena Noticia, Cristo, que nos llama a convertirnos.
o Contemplemos en el Señor la revelación del Misterio de Dios.
o Demos gracias por los testigos de la fe.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, para que el anuncio del Evangelio de la Caridad sea para los que más sufren presencia del Reino, alivio y seguridad en un futuro de un mundo nuevo.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, noso Pai,
ti queres que tódolos homes se salven
e cheguen ó coñecemento da verdade,
olla o grande que é a colleita
e envía xornaleiros que prediquen o Evanxeo a toda criatura.
Fai que o teu pobo,
congregado pola palabra da vida
e fortalecido co poder dos sacramentos,
avance polo camiño da salvación e do amor.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

4º Misterio: La transfiguración del Señor.

Colleu Xesús a Pedro, a Xoán e mais a Santiago, subiu ó monte a orar. Mentres estaba orando, cambiou o aspecto do seu rostro, e os seus vestidos viraron brancos e resplandecentes. De súpeto apareceron dous homes falando con el; eran Moisés e mais Elías. Tiñan un aspecto glorioso e falaban do seu éxodo que remataría en Xerusalén. (Lucas 9, 28-36)

o Hagamos memoria de que el Señor nos muestra su presencia en la oración.
o Contemplemos que en Jesús se comprenden la Ley y los Profetas.
o Demos gracias por el testimonio de fe en la oración.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, para que seamos constantes en la oración poniendo en el corazón misericordioso de Dios nuestra vida

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, noso Pai,
na gloriosa Transfiguración do teu Fillo
ti confirmáche-los misterios da nosa fe
co testemuño de Elías e Moisés
e déchesnos un sinal adiantado
da nosa definitiva adopción como fillos.
Concédenos a nós, os teus fieis,
escoita-la voz do teu Fillo benquerido,
para que cheguemos tamén a participar da súa gloria.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.

5º Misterio: La institución de la Eucaristía.

Mentres estaban a comer, Xesús colleu pan, deu grazas, partiuno e déullelo, dicindo: “Tomade, isto é o meu corpo.”E collendo unha copa, dando grazas, pasóullela, e todos beberon dela. E díxolles: “isto é o meu sangue, o sangue da Alianza, vertido por vós”. (Marcos 14,22-25)

o Hagamos memoria de que tenemos hambre de Dios.
o Contemplemos que el Señor nos llama a unirnos plenamente a Él.
o Demos gracias por los sacerdotes, ministros de la Eucaristía.
o Pidamos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Franqueira, por las vocaciones a la vida sacerdotal y por los seminarios. 
Que cada domingo y cada día, al participar en la Eucaristía por los medios de comunicación nos unamos a toda la Iglesia, demos gracias por la fe recibida y nos alimentemos espiritualmente de Cristo, fuente de vida.

Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria.

Oración:
Deus, ti quixeches facernos partícipes
dun mesmo pan e dun mesmo cáliz.
Concédenos vivirmos tan unidos a Cristo,
que fructifiquemos con gozo
para a salvación do mundo.
Por Xesucristo o noso Señor. Amén.
Letanías en Honor da Virxe da Franqueira
(Tomadas de oraciones, cantos e himnos en honor da Virxe da Franqueira)

Señor ten Piedad  Señor ten piedad
Cristo ten Piedad  Cristo ten piedad
Señor ten Piedad  Señor ten piedad

Cristo óyenos   Cristo óyenos
Cristo escúchanos  cristo escúchanos

Dios Padre Celestial. Ten Misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo. Ten Misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo. Ten Misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un sólo Dios. Ten Misericordia de nosotros.

Santa María.    Ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios.
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de paz redentora
Madre querida
Mujer bendita
Servidora del Señor
Estrella luciente
Eterna luz de milagro
Piedra de amor
Divina Fuente de Gracias
Fuente de alegría
Fuente de paz
Fuente de consuelo
Fuente de amor
Fuente de unidad
Fuente de Luz y de Vida
Ave de alegrías
Corona de dones
Corona de gozos
Alba de clemencia
Dulce mediadora
Cetro de bondad
Hermosa más que el sol
Ternura de corazón
Abrazo tierno de madre
Reina de los montes
Reina da Paradanta
Señora de los mares
Atenta en el camino de los niños
Bendición del labrador
Bendición de nuestros campos
Protectora de nuestros trabajos
Refugio de romeros y peregrinos
Fortaleza en el camino
Consuelo de nuestras almas
Consuelo en nuestras lágrimas
Ánimo en nuestra dolencia
Alivio de los enfermos
Hermosa y esbelta
Fortaleza en la fe
Seguridad en la esperanza
Constancia en el amor
Refugio de los pecadores
Vida en nuestra muerte
Guía de eternidad
Reina y Virgen
Reina de los Ángeles
Reina de los Patricarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los que viven la fe
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina Inmaculada
Reina elevada al cielo
Reina del Rosario
Reina de las familias
Reina de las Misiones
Reina de la Evangelización
Reina de la Misericordia
Reina de la paz

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Escúchanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
Ten Misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Nosa Señora da Franqueira
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo

Oración
Te pedimos, Señor, que, nosotros tus siervos, gocemos de salud de alma y cuerpo, y, por la intercesión da Virxe da Franqueira, seamos libres de las tristezas presentes y disfrutemos de las alegrías del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén




NOSA SEÑORA DA FONTE A FRANQUEIRA
novena

ORACIÓN PARA TÓDOLOS DÍAS


Benaventurada Nai de Deus, venerada coa  secular advocación de Nosa Señora da Fonte de A Franqueira: queremos manifestarche con toda confianza os desexos do noso corazón. A Ti acudimos, Nai boa, sabendo que escoitas as oracións dos teus fillos.
A túa imaxe de pedra lémbranos a fortaleza da túa fe, a seguridade da túa esperanza, a constancia do teu amor. Ver a Xesús no teu colo, tráenos á memoria que a túa vida estivo ó seu servicio. Fai que a Palabra do Evanxeo resoe sempre no noso interior para que saibamos recoñecer o paso de Deus pola nosa vida.

¡Naiciña! Sentímonos necesitados e renovamos diante de ti a nosa confianza. Axúdanos sobre todo a descubrir o que nos pide Deus noso Pai. Queremos, coma ti, ser felices cumprindo a súa vontade, animados polo  Espíritu Santo que nos fai recoñecer a Xesús como Salvador de todos. A El a gloria por séculos de séculos.

Día 8º: “Velaí a túa Nai”
(Intención: Os que sofren)

Oración para tódolos días 

A luz da Palabra

Ó pé da cruz de Xesús estaban súa nai e a irmá de súa nai, María a de Cleofás, e mais María a Magdalena. Xesús, vendo a súa nai e, onda ela, o discípulo a quen amaba, díxolle á nai:
- Muller, velaí o teu fillo.
Despois díxolle ó discípulo:
- Velaí a túa nai.
(do Evanxeo segundo S. Xoán)

Reflexión

Xesús entréganos a súa nai. Ela lémbranos a entrega de Xesús por nós.
Onde hai dor, sufrimento, abandono, alí está María, nosa nai, acolléndonos e mostrándonos ó seu fillo na cruz.
A cruz de Xesús é manantial de vida que chega ata nós.

Preces

A fortaleza de María ó pe da Cruz anímanos a seguir orando no sufrimento. Presentámo-las nosas necesidades, dicindo: FORTALÉCENOS, SEÑOR.

- Con María, nai na dor, pidamos para que a Igrexa sexa  anuncio de esperanza para tódolos que sofren. Oremos.
- Con María, sufrinte onda o seu Fillo, pidamos polos que viven na pobreza, na soedade, na enfermidade e na desesperanza, para que a nosa preocupación e axuda alivie as súas dores. Oremos.
- Con María, ointe no silencio do Calvario, pidamos polos que traballan na sanidade e na promoción social para que cumpran a súa misión desde a comprensión e o ánimo. Oremos.
- Con María, portadora de paz, pidamos para que acertemos a axudar a tódolos  que viven na amargura e no sufrimento. Oremos.

- ...   ...   ... (intencións particulares).

Unidos na oración de Xesús rezamos: Noso Pai...

Oración

Señor, Pai bo, pola Paixón do teu Fillo acércaste ó sufrimento da humanidade. Concédenos que, a imitación da Virxe Nai dolorosa que estivo xunto á cruz do seu Fillo moribundo, tamén nós acompañemos ós irmáns que sofren, dándolles consolo e amor. Por Cristo, noso Señor. Amén.

[ Invocación ou un canto apropiado

Señora, Santa María,
déixame chorar contigo,
pois morre Deus e meu amigo,
e morta está a miña alegría.
E, pois vos deixan sen Fillo,
deixádeme ser fillo voso.
¡Teredes moito máis que amar,
aínda que vos amen moito menos! ]



REFLEXIÓN PARA EL DÍA 8º JESÚS ABANDONADO

El Papa Francisco, dirigiéndose a un grupo de jóvenes en Nápoles les dijo: “El más grande silencio de Dios fue la Cruz: Jesús oyó el silencio del Padre, hasta llamarlo abandono: Padre, ¿por qué me has abandonado? Y luego sucedió ese milagro de Dios, esa palabra, ese gesto grandioso que fue la Resurrección. Nuestro Dios es también el Dios de los silencios y (…) el silencio de Dios no digo que se pueda comprender, pero podemos acercarnos a los silencios de Dios mirando a Cristo crucificado, a Cristo que muere, a Cristo abandonado”.  

Es en este día, contemplando a María al lado de la cruz de su hijo cuando se me parte el corazón. Pero deseo aún así hablaros de esperanza. Estoy convencido que nuestra Madre de la misma forma está al lado de las camillas de tantos enfermos. El silencio y la soledad que están pasando intenta ser compensada con el trabajo de miles de profesionales que los cuidan, de sacerdotes que llevan el consuelo de Dios en los hospitales. De miles de oraciones de los creyentes que el silencio de su corazón contemplan aquí la cruz de Cristo. María está acompañando los hogares silenciosos de hombres y mujeres ancianos que están solos y que en las largas noches sienten la fragilidad de sus vidas. Pero también los cirineos que llaman por teléfono preguntando como están. De familiares que viven la lejanía física y que cada día se preocupan. De jóvenes y vecinos que les hacen la compra o les van a buscar sus medicinas.

Hoy quiero estar con María al lado de la cruz. Ser Juan, el discípulo amado, que la acoge en su casa y la hace suya y poder compartirla con los crucificados. Intentar comprender el misterio del dolor y del sufrimiento, convertirlo en la Cruz de Cristo en el grito del amor de Dios que se anonada. Que gran Misterio, el Dios que se abandona en las manos de los hombres. Jesús en la Cruz nos lo da todo, y nos da a su Madre, es el último desgarro. Da el perdón, la misericordia, promete el paraíso al ladrón, y de despoja de todo, lo entrega todo. 

Hoy quiero hacer silencio, y escuchar, no mis cosas, ni mis caprichos, ni mis tonterías y estupideces. Sino el silencio desgarrador de la muerte, que te quita el aire, que te pesa y aplasta. El silencio que se convierte en noche, pero que no agota la luz, sino que se hace camino para llegar al final.

Silencio, hoy deseo vivir el silencio y esperar con María la vida.

Os invito a entrar en el enlace que os proporciono. Es un largo artículo sobre la experiencia de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares. Descubre su vocación al amor y la unidad en la dramática segunda guerra mundial en Trento. En medio de la devastación, ayudando a los más desvalidos, encuentra la respuesta de Dios en su silencio, en el Jesús abandonado en la Cruz. El grito de cada crucificado "Oh Dios, ¿por qué me has abandonado?


Sigo orando por vosotros a los pies de María
Un abrazo
Xabier Alonso