jueves, 4 de julio de 2024

OBISPO, HOMBRE DE ESPERANZA


EL OBISPO, HOMBRE DE ESPERANZA 

La esperanza, que “no falla” (Rm 5, 5), estimula en el Obispo el espíritu misionero, que lo llevará a afrontar las empresas apostólicas con inventiva, a llevarlas adelante con firmeza y a realizarlas con perfección hasta que se concluyan. El Obispo sabe, en efecto, que es enviado por Dios, Señor de la historia (cf. 1 Tm 1, 17), para edificar la Iglesia en el lugar y en el “tiempo y momento que ha fijado el Padre con su autoridad” (Hch 1, 7). De aquí también aquel sano optimismo que el Obispo vivirá personalmente y, por así decir, irradiará en los demás, especialmente en sus colaboradores. (ApS 40)

El cristiano no puede ser una persona pesimista ni negativa, su esperanza le invita a una mirada de eternidad, no solo en el tiempo, sino en la intensidad. El discípulo echa mano al arado y ni mira atrás. 

La Comunidad Cristiana, presidida por el Obispo, tiene la certeza de lo que está por venir, la bienaventuranza, y necesitamos anticiparla en los valores del Reino y la fraternidad universal.

miércoles, 3 de julio de 2024

OBISPO HOMBRE DE FE


OBISPO HOMBRE DE FE 

El Obispo es hombre de fe, conforme a cuanto la Sagrada Escritura afirma de Moisés quien, mientas conducía al pueblo de Egipto a la tierra prometida, “se mantuvo firme como si viera al invisible” (Hb 11, 27). As 39

Hoy celebramos la fiesta del apóstol Tomás. El hombre que, a pesar del testimonio de sus hermanos, no es capaz de decir creo. Solo cuando Jesús resucitado le muestra las señales de la pasión, esto es, la muerte vencida, el sufrimiento del hombre elevado a la gloria de Dios, puede proclamar "Señor mío y Dios mío".

El Obispo está llamado a reunir a los hijos e hijas, abrir los ojos, y proclamar la fe recibida, el encuentro con Cristo que transforma nuestra realidad caduca, destierra los miedos, alienta esperanzas, enseña caminos de amor y fraternidad.

lunes, 1 de julio de 2024

OBISPO QUE MIRA AL CIELO CON LOS PIES EN EL SUELO

OBISPO MIRANDO AL CIELO CON LOS PIES EN EL SUELO


 En virtud de la comunión con Cristo Cabeza, el Obispo tiene la estricta obligación de presentarse como el perfeccionador de los fieles, es decir, maestro, promotor y ejemplo de la perfección cristiana para los clérigos, los consagrados y los laicos, cada uno según su particular vocación. Esto debe llevarlo a unirse a Cristo en el discernimiento de la voluntad del Padre, de manera que “el pensamiento del Señor” (1 Co 2, 16) ocupe enteramente su modo de pensar, de sentir y de comportarse en medio de los hombres. Su meta debe ser una santidad cada vez mayor, para que pueda decir con verdad: “Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo” (1 Co 11, 1). /AS 34)

El Obispo debe ayudarnos a todos a ejercitar una sano y santo discernimiento. Nos jugamos mucho, esto es, descubrir juntos la voluntad de Dios, ser fieles al evangelio, servir como Cristo, adentrarnos en el Espíritu, y él nos debe ayudar llevando el timón y oteando el horizonte.

Este es el momento, el “ahora” en el que con el Evangelio en la mano, poniendo los pies firmemente en la tierra y el corazón en el cielo, estamos llamados a reflejar el rostro más hermoso de una Iglesia que quiere ser madre pobre, casa de todos, discípula y misionera; una Iglesia en la que todos se sientan en casa y en familia. (Mensaje de D. Antonio)

OBISPO, AMOR ESPONSAL

OBISPO. AMOR ESPONSAL

 La espiritualidad del Obispo tiene también su especificidad: en efecto, en cuanto Pastor, servidor del Evangelio y esposo de la Iglesia, debe revivir, junto con su presbiterio, el amor esponsal de Cristo en relación con la Iglesia su esposa, en la intimidad de la oración y en la donación de sí a los hermanos y hermanas, para amar a la Iglesia con corazón nuevo y mantenerla unida en la caridad mediante su amor. Por eso, el Obispo promoverá incansablemente por todos los medios la santidad de los fieles y se empeñará para que el Pueblo de Dios crezca en la gracia mediante la celebración de los sacramentos.(AS34)

Fijaos que al hablar de espiritualidad  se trata del estilo de vida, las relaciones interpersonales, las decisiones, el interior del corazón y la mirada de futuro en el crecimiento de cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Pastor, Servidor y Esposo, una tríada que configura cada día la vida del obispo con una amor incansable unido a su presbiterio y a todo el pueblo santo de Dios.

domingo, 30 de junio de 2024

EL OBISPO EN MEDIO DE SU PUEBLO

 
EL OBISPO EN MEDIO DE SU PUEBLO

Jesús está en medio de la gente

El pasaje del Evangelio nos muestra a Jesús rodeado de gente, la muchedumbre lo apretuja. El Papa Francisco, comentando este texto dice:
Jesús buscaba a la gente. Y la gente le buscaba a Él: la gente tenía los ojos fijos sobre Él y Él tenía los ojos fijos sobre la gente.
Pero la multitud no es para Jesús una masa anónima. Él individualiza, fija la mirada en cada persona, en sus problemas y esperanzas.

La fe cura y salva

La fe de Jairo, que de manera pública le ruega por su hija, y la fe de la mujer que padece hemorragias, que a escondidas se acerca a Jesús pensando: “con solo tocarle el manto curaré”, son el requisito para sanar a la mujer y revivir a la niña. La fe en Cristo es fuente de vida.

El obispo hace las veces de Cristo y actúa en su nombre (CCE 1558)

Como Cristo, el obispo está en medio de su pueblo; es el buen pastor que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas. 
Para eso, a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos (EG 31).

La Iglesia cura y salva por medio de los sacramentos, que son -así lo dice el Catecismo inspirándose en el Evangelio de hoy- «como ‘fuerzas que brotan’ del Cuerpo de Cristo» (CCE 1116).

El obispo:
en cuanto principal dispensador de los misterios divinos, se dedique continuamente a desarrollar en la grey la vida de la gracia mediante la celebración de los sacramentos (ApS 143).

sábado, 29 de junio de 2024

OBISPO CON PEDRO. Comunión en diálogo


 Con motivo de la festividad de San Pedro y San Pablo vemos un aspecto importante de la vida del Obispo: su vínculo de comunión con el Obispo de Roma. No es un simple mandato de obediencia, ni una consecuencia del poder jerárquico, sino que emana de la misma configuración del colegio apostólico. Sin unidad en la diversidad se establecen criterios de poder y lo que exige la comunión es servicio y generosidad

Como consecuencia de su consagración episcopal, de la comunión jerárquica y de su pertenencia al Colegio episcopal, y como signo de unión con Jesucristo, el Obispo tenga muy en cuenta y alimente cordialmente la comunión de caridad y de obediencia con el Romano Pontífice, haciendo propias sus intenciones, iniciativas y alegrías, acreciendo también en los fieles los mismos sentimientos filiales.(AS 14)

Nuestro nuevo obispo, como todos, está llamado a la escucha y al diálogo, intra eclesial reconociendo la voz del Espíritu que está siempre llamando a una continua reforma en fidelidad al Evangelio, y un diálogo ad extra, que es acoger los signos de los tiempos de la realidad del mundo y hacer propuestas en comunión con toda la Iglesia, comenzando con Roma. Para que se viva en comunión debe haber escucha y propuesta, caminar juntos en diálogo fraterno.

Pidamos por nuestro pastor a San Pedro y San Pablo

jueves, 27 de junio de 2024

OBISPO PADRE Y PASTOR

OBISPO PADRE Y PASTOR
A la luz del misterio de Cristo, Pastor y Obispo de las almas (cf. 1 P 2, 25), el Obispo comprenderá cada vez más profundamente el misterio de la Iglesia, en la que la gracia de la consagración episcopal lo ha puesto como maestro, sacerdote y Pastor para guiarla con su misma potestad.

El Obispo debe manifestar con su vida y ministerio episcopal la paternidad de Dios; la bondad, la solicitud, la misericordia, la dulzura y la autoridad moral de Cristo, que ha venido para dar la vida y para hacer de todos los hombres una sola familia, reconciliada en el amor del Padre; la perenne vitalidad del Espíritu Santo, que anima la Iglesia y la sostiene en la humana debilidad.

Configurados en Cristo Sacerdote, Profeta y Rey, todos los bautizados hacemos presente con nuestra vida la vida de oración y la participación de la acción litúrgica de la Iglesia; anunciamos la Buena Noticia y visibilizamos en la caridad la presencia del Reino. D. Antonio, será como obispo, el que nos ayude a realizar en todo el Pueblo de Dios esta triple misión que nace en Dios mismo.