domingo, 26 de abril de 2026

VOZ, PUERTA, VIDA

 


VOZ, PUERTA, VIDA

Este domingo IV de Pascua se le conoce como del Buen Pastor. En este tiempo de resurrección, la Iglesia, nos invita a acoger a Cristo como guía y custodio de nuestras vida, tantas veces frágiles y necesitadas de alimento y fuerza para el camino. Seguir las huellas, como nos invita san Pedro en su carta, es una decisiva respuesta a la llamada, a dejarnos conducir. Es el riesgo de la libertad de acoger, o dejarnos acoger, en el corazón del Amado. Para seguirle necesitamos conocerle, escuchar su voz, identificarla. Una voz muy diferente a los cantos de sirena que nos pueden adormecer, o los gritos ensordecedores que nos anulan. Muy diferentes de los discursos complacientes, Dispar de las palabras aduladoras. La voz del Pastor es clara, es la voz del que nos conoce en lo más profundo, pero no para manipularnos ni usarnos, sino para enriquecernos, devolvernos cada día la belleza de nuestra condición de miembros de un Pueblo en camino. Jesús Resucitado es el pastor de nuestras almas, el que da sentido y fuerza a nuestras vidas, es Cristo quien nos encamina a un horizonte infinito pero alcanzable.

Voz que nos invita a salir y entrar por la puerta, que no se cierra, sino que permanece abierta para disponernos a caminar. Salir a la intemperie de mundo seguros de que el Pastor nos conduce a pastor de vida. Vida en abundancia recibida en la Palabra, en los Sacramentos, en la Comunidad, en la Caridad. 

Voz, puerta y vida que no cesan, que siguen en continuidad en el amor que se desborda y nos desborda. 

sábado, 18 de abril de 2026

FORASTERO, HUÉSPED, HERMANO

 


El encuentro con Jesús resucitado es provocativo, impulsa una respuesta. Él se acerca, lo hace con la delicadeza del amor, con la presencia de la paz. Hace una semana contemplamos que vino a los suyos, encerrados en el cenáculo, y no les echa en cara sus cobardías, ni sus negaciones o huidas, sino que, a través del Espíritu creador los hace ministros de la reconciliación. El que ha sido restaurado en el amor es el mejor mensajero del perdón. 

Este domingo lo vemos caminando con los que huyen. Dos, Cleofás y el otro, algunos dicen si es otra, su esposa, que quieren llegar a Emaús. Sus miedos les llevan a buscar refugio fuera. Huir es una solución para ellos, pero no para Jesús. El encuentro del Señor les va dando una nueva visión de la cosas. Jesús provoca un cambio de mirada. Hoy lo resumo en tres palabras: forastero, huésped y hermano.

El que camina junto a ellos no lo reconocen, es alguien extraño, pero se dejan llevar por la conversación. No se cierran a que todos tienen algo que enseñarnos. El diálogo es abierto, sincero. Van revelando sus decepciones, sus fracasos, sus dudas y cegueras. Romper los prejuicios nos descubre la riqueza del encuentro. Caminar con otros nos sitúa en una ruta de sorpresas.

Abren la puerta y le ofrecen alojamiento. Hospedar al forastero posibilita que la intimidad de nuestro espacio no es cerrado, se puede convertir en una llamada a servir: acoger, servir, ofrecer, dar reposo al cuerpo cansado y al corazón inquieto.

Sentados a la mesa, el forastero, el huésped, hace los honores de dar gracias, rezar, bendecir, partir el pan. Se abren los ojos a la presencia del Reino, a la presencia del Resucitado, del que crea y establece nuevos vínculos, ya nadie es forastero, somos peregrinos a un hogar que nos abre las puertas y nos sienta en la mesa de la fraternidad. 

Ellos ofrecieron una conversación, una casa, una mesa, y el Señor los restaura. ¿Qué podemos ofrecer nosotros?


lunes, 13 de abril de 2026

GRAZAS POR SAN TELMO


GRAZAS POR SAN TELMO

 Hoxe, día de San Telmo, quero adicar unha verba de agradecemento a Deus. Grazas noso Señor por termos deixado unha testemuña firme da fe. Quen nos ía dicir, despois de tantos séculos, que aquel frade da Castela, que percorrera camiños e vieiros, non so de vento, po e lama, senón, vieiros interiores de noites interminables, fora quen de morar no recuncho onda o Miño e bendicirnos co seu Corpo Santo. Despois de lidiar con reis e nobreza, en campos de batalla e xentes famentas de Boa Nova, quedou prendado das nosas terras. Faloulles ás xentes do Evanxeo, fixo pontes que entrelazaban vínculos de fraternidade entre os pobos, defendeu aos débiles de tormentas de inxustizas e desigualdades. Fíxose apóstolo e sementeira, pregoiero e sembrador de esperanzas e proxectos que conduciron a todos a loar ao Señor. Un home impregando co suabe aroma da Palabra que nos alenta o corazón, levando a nave da nosa Igrexa ao porto da salvación.

Grazas Pai Bo por darnos ao noso pobo un patrón de talla evanxélica. Grazas pai Bo por coidarnos e facernos cada día peregrinos e mensaxeiros de Boa Nova.

Felicidades a toda a nosa Diocese. 

domingo, 12 de abril de 2026

PAZ


 Aquel día, el primero de la semana, con el miedo en el cuerpo, con la mirada nublada y el corazón en tinieblas. Aquel día, el primero de la semana, una voz traspasa la estancia. El cenáculo se convierte en un espacio transfigurado. Todo resplandece, la luz, la belleza que penetra en las sienes. Una voz, una palabra PAZ. Y Jesús, sin dejar de serlo, ya es el Cristo, el Señor de la Vida, el Hijo resucitado. No hay más que decir. Jesús no viene a reprocharles sus miedos, ni a echarles en cara sus cobardías. Jesús viene a transformar en vida lo que era muerte. Ya no hay lugar para los miedos, ahora es tiempo de vida.

PAZ convosco. PAZ, tres letras. Non so a ausencia de conflictos, pois medrar na vida, decidirse polo ben, crea conflictos no noso interior, lévanos a decisións complexas e a excluir posturas que fan dano. A paz abraza a todos, inclusiva e comprensiva, por o amor no centro e o perdón como camiño de madurez. E cando chega Tomé xunto aos compañeiros, non cre. Pon como prioritario o seu pensamento, o seu criterio. Os demáis xa teñen a Cristo como referente da palabra e o testemuño que dan. 

As verbas de Tomé "Meu Señor e meu Deus" denotan a transformación que nel provoca o encontro co Resucitado. Agora xa amosa que Cristo tomou poseisión do seu corazón e do seu ser.

Estamos en Pascua. Deixemos que a luz do Señor resucitado encha de vida os recunchos que quedan por namora. Non nos escondamos, pois a vida non pode esperar. Sexamos xermolos de paz nun mundo en escuridade. Levemos a unidade como estandarte. Fagamos a paz en cada instante.