VOZ, PUERTA, VIDA
Este domingo IV de Pascua se le conoce como del Buen Pastor. En este tiempo de resurrección, la Iglesia, nos invita a acoger a Cristo como guía y custodio de nuestras vida, tantas veces frágiles y necesitadas de alimento y fuerza para el camino. Seguir las huellas, como nos invita san Pedro en su carta, es una decisiva respuesta a la llamada, a dejarnos conducir. Es el riesgo de la libertad de acoger, o dejarnos acoger, en el corazón del Amado. Para seguirle necesitamos conocerle, escuchar su voz, identificarla. Una voz muy diferente a los cantos de sirena que nos pueden adormecer, o los gritos ensordecedores que nos anulan. Muy diferentes de los discursos complacientes, Dispar de las palabras aduladoras. La voz del Pastor es clara, es la voz del que nos conoce en lo más profundo, pero no para manipularnos ni usarnos, sino para enriquecernos, devolvernos cada día la belleza de nuestra condición de miembros de un Pueblo en camino. Jesús Resucitado es el pastor de nuestras almas, el que da sentido y fuerza a nuestras vidas, es Cristo quien nos encamina a un horizonte infinito pero alcanzable.
Voz que nos invita a salir y entrar por la puerta, que no se cierra, sino que permanece abierta para disponernos a caminar. Salir a la intemperie de mundo seguros de que el Pastor nos conduce a pastor de vida. Vida en abundancia recibida en la Palabra, en los Sacramentos, en la Comunidad, en la Caridad.
Voz, puerta y vida que no cesan, que siguen en continuidad en el amor que se desborda y nos desborda.

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