miércoles, 18 de marzo de 2026

UN PADRE PARA UNA HUMANIDAD HUÉRFANA

 


UN PADRE PARA UNA HUMANIDAD HUÉRFANA

Las desvinculaciones provocadas por el individualismo creciente provoca un creciente aumento de la herida de la ausencia de la paternidad. La autorreferencia nos hace autosuficientes creyéndonos poseedores de la capacidad de resolver todas las fragilidades a la que nos somete la vida. No estamos preparados en la fuerza ascética para soportar las tempestades interiores, ni lobos solitarios que luchen sin descanso por su supervivencia. La vida es una llamada continua al encuentro y a la capacidad de aceptar con sencilla humildad lo que otros han puesto a nuestro servicio.

El Hijo de Dios no viene autogestionado su existencia en una demostración valentona de demostrar que es el más fuerte. Jesús nos enseña desde su concepción como viene siendo acogido en las dudas y sinsabores de los cambios. Aceptar a Dios encarnado, como María y José, es dialogar sobre un camino que se abre y que necesita de ponernos al servicio de un proyecto común, el de Dios. Así, José, acoge en sus sueños el mensaje del ángel. Lo hace suyo. En silencio, con una libertad desbordante, convierte su sí en servicio, protección, cuidados. Oremos por nuestras familias

José es custodio de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que continúan sintiendo en sus entrañas el golpe de la tentación que le llama a servirse a si misma, a creerse superior o situarse en la cumbre, para con docilidad aceptar, en la libertad generosa, que nace del don de Dios ser servidora. Oremos por nuestra Iglesia

José es acompañante de la vocación al ministerio sacerdotal. Así como vio crecer al que es Sumo y Eterno Sacerdote, da sus buenos consejos a los futuros servidores. Oremos por nuestros seminaristas

José es custodio en el camino del exilio, llevando a su familia a vivir el despojo de la migración. Oremos por los migrantes.

José es hombre artesano que trabaja cada día con sus manos dando belleza a la dura materia, entregando su saber al servicio de su familia y sus semejantes. Oremos por el mundo laboral y los que buscan trabajo.

José es acompañado en la enfermedad y la muerte. Oremos por los que viven el misterio del sufrimiento y la enfermedad y sus cuidadores.

Seguimos necesitando referentes que nos acompañen, custodien, cuiden, apoyen, escuchen, fortalezcan...


domingo, 15 de marzo de 2026

LA LUZ ILUMINA Y DA VIDA


LA LUZ ILUMINA Y  DA VIDA

Los textos de estos domingos nos hablan de vida, y la vida nueva que realiza en nosotros la pascua del Señor. Si el agua está presente en la creación con la acción del Espíritu, el pozo de Jacob con la samaritana se convierte en manantial de agua viva en el que Cristo le muestra el camino de la acogida del don del Espíritu que la convierte en testigo de una vida nueva que nace en los sacramentos.

Hoy es la luz. En las tinieblas rompe la luz, la de un nuevo jardín en el que surgirá la salvación con el Resucitado. Luz que derrota la imposibilidad de que un ciego de nacimiento pueda nacer a la luz de la fe en Cristo Salvador. Un ciego al que Jesús, haciendo barro, realiza el gesto creador y la nueva vida  nacida del Espíritu, ya es la hora de la nueva humanidad. Unos ojos que se abren a un mundo interpelante y devastador que no acepta la conversión a Cristo, que necesita escuchar sus propias respuestas. 

Luz que vence a las tinieblas, a la noche. Vivamos como hijos de la luz. Luz que da vida y llena de belleza y esperanza lo que estaba cerrado. Ahora, señor, veo con claridad, Tú eres el Salvador


domingo, 8 de marzo de 2026

EL MANANTIAL DEL AMOR

 

EN MANANTIAL DEL AMOR

Con el sol en lo más alto, Jesús pide de beber. Un pozo, lugar de encuentro, de escucha y sinceridad. Un pozo, el de Jacob, como el de Séfora donde conoce a Moisés, o el de Rebeca con Jacob. El agua del pozo es fresca, vital, da vida y purifica, limpia y rejuvenece. Y Jesús pide de beber. Y saca del corazón el deseo de un encuentro. Es una mujer, que vive el vacío del desamor, el desprecio y la soledad, la que recibe el regalo de conocer al Mesías de Dios. Es la gracia del amor que recompone en espíritu y en verdad lo que el pecado a destrozado. Un corazón agrietado se convierte en vaso nuevo donde penetra la Gracia y se realiza el milagro de la Nueva Vida.

Jesús es buen pastor que lleva a su rebaño a beber de las fuentes de agua viva. Es la roca de la que brota el agua que supera la tentación del pueblo en el desierto. Es el manantial de Gracia que nunca se agota. 

El peregrino se acerca al agua, bebe y repara sus fuerzas. El agua no se agota, brota incesante, hace que sea fresca y viva. El camino es largo. 

Concédenos, Señor, desear el agua viva de la verdad, de la justicia y de la paz. Danos el deseo de beber del manantial del amor.

domingo, 1 de marzo de 2026

SILENCIO. ESCUCHA

 


SILENCIO, ESCUCHA

Seguimos camino. El desierto invita al silencio. El cielo, la tierra árida, el silencio que se rompe en el viento, la nada que se hace palabra en el corazón. Camino, peregrinación. Camino que se llena de pasos inciertos, dudosos, tentados y tentadores, miedos, infinita mirada que se pierde en el horizonte.

Jesús hace camino. Cada cruce en el destino es una oportunidad para proclamar el final, es Jerusalén, meta de la peregrinación del devoto judío que se reúne en la Pascua para conmemorar el paso liberador del Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. Hace camino y su palabra se clava como un puñal en las expectativas de los discípulos. Lo hemos dejado todo, piensan, vivimos sin lugar fijo, sin recursos, y ahora que nos queda, muerte, violencia injusta, y algo desconocido, incomprensible, resurrección. 

La transfiguración no es un efecto circense, ni un juego de magia, ni un juego manipulador para convencer a unos incrédulos discípulos. Transfiguración es profecía de la pascua, oasis en el horizonte de tinieblas, rayo de luz entre nubes negras de tormenta. Es la ascensión a la montaña, junto a Moisés y Elías, que pasaron 40 días para recibir la ley e iniciar el camino profético. Jesús condensa la historia de la Alianza antigua y la renueva en el mandato del Señor: este es mi Hijo, escuchadle. Ahora, la luz que resplandece, es la Palabra que se hace vida, presencia.

El papa León nos invita a la escucha en esta cuaresma. En medio de tantos ruidos, haz silencio. Desierto. No se escucha de cualquier forma. Todos hemos experimentado la indiferencia de nuestro mensaje cuando el oyente está ausente. ¿Piensas que la palabra que Dios nos dirige en su Hijo puede ser recibida con indiferencia? 

El papa nos recuerda que la escucha es una acción divida. Es Dios quien escucha el clamor de su pueblo. Adentrarse en Dios, en su conocimiento, lleva saber adentrase en el corazón del hombre y sus pesares, y viceversa, entrar en el corazón del hombre nos lleva a la búsqueda de Dios. Nos dice León XIV  "Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia»."

En la noche se enciende la luz. Mantén los ojos abiertos. 
En el silencio surge la Palabra. Mantén los oídos atentos.
En la soledad viene el Amigo. Ten la puerta abierta.
En la tristeza sorprende el abrazo. Extiende tus manos.
En la muerte se intuye la vida. Nada está perdido.
 

domingo, 22 de febrero de 2026

DESIERTO

 

DESIERTO

¿Dónde está la puerta de entrada del desierto? No tiene, puedes entrar por cualquier lugar. Entras, impulsado por la fuerza del Espíritu, como Jesús, y sin pasar tanto rato, ya estás en silencio. Desierto cuaresmal combina equilibradamente lo externo y el interior. Fuera, en el entorno, silencio, austeridad, pobreza de recursos, sed o hambre, hambre o sed, desapego, desconexión, silencio para gritar, gritos que es necesario silenciar, miedos sin refugio, refugios en los que crece el miedo. Desierto exterior, horizonte y huellas que estrenan pisadas en tierra árida, aire que pasa sin dejar rastro, respiración que se acompasa con el paso silencioso.

Desierto, camino interior. Silencio para acallar gritos en el corazón. Borrones de manchas en la retina de la mirada que deben ser purificadas en el colirio del amor para ver con claridad el corazón. Oídos embotados en interminables discursos de que debo hacer, que tengo que conseguir, que miedos evitar, que batalla vencer, que derrota evitar. Abrazos, besos, caricias que se olvidan y se convierten em golpes y bofetadas de injusticia avasalladora. Desierto, camino interior que busca consuelo, desea sonrisas, abraza confiadas muestras de entereza.

Y Jesús, va al desierto. No huye. Camina en búsqueda. Pasa hambre, sed, silencio, miedo y espera. Y es tentado. Como cada una de las tentaciones que pasamos los humanos. Tentaciones que debilitan, como virus en sangre, el ánimo, crean una burbuja de aislamiento, una lucha sin cuartel en la que se queman las naves del destino. Pero Jesús nos enseña a decir "no nos dejes caer en la tentación" Porque él usó la Palabra escrita, la Palabra pronunciada, Palabra liberadora. 

sábado, 21 de febrero de 2026

ES TIEMPO DE CONVERSIÓN

 


ES TIEMPO DE CONVERSIÓN

Hemos iniciado el miércoles pasado el tiempo cuaresmal. El papa, siguiendo las costumbres de sus antecesores, nos envió un mensaje. Es claro y muy concreto. Su primer mensaje nos invita, una vez más, ir a lo esencial. Permitidme que a lo largo de esta primera semana vaya desgranando algunos aspectos y los comparta con vosotros. Lo que me inspira el Señor en la oración os lo envío, consciente de que es una pobre contribución en el universo digital en el que navegamos. 

Comienza el mensaje con este párrafo que transcribo

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Tiempo. Un tiempo que viene determinado por un inicio y un final. de Miércoles de ceniza a Jueves Santo. Un tiempo, o un momento, espacio que está al servicio de un objetivo, la conversión de nuestras vidas, volver la mirada al centro de nuestra existencia que es el mismo Dios, desterrar con los medios que nos ofrece, lo que nos impide, u obstaculiza, llegar a la Pascua.

Recordando el principio propuesto en su momento por Francisco "el tiempo es superior al espacio" nos ofrece la posibilidad de abrir la mirada y hacerlo en ojo de buey. Una mirada que engloba el tiempo que aglutina diversas etapas, momento, espacios que consiguen en nosotros la meta soñada. Así, el tiempo global es de 90 y no de 40, porque el reto no es que celebremos la cuaresma, sino, que veamos el final, Pascua y Pentecostés. La mirada se extiende desde un montón de cenizas, pasando por unos días de pasión, muerte, sepultura y resurrección, y finalizar siendo enviados marcados por la luz, sellado por el fuego del amor. Lo que comienza en el secreto de nuestro corazón (orar, ayunar, dar limosna), va mascullando el corazón, intensificando con fuerza el alma y, resucitados en Cristo, ser enviados a proclamar la Buena Noticia. Podré ser mensajero, mensaje, si dejo que el Señor destierre, derrote, elimine, destruya, queme en mi interior lo que no es del Señor. Polvo, tierra, humus, muerte, llamado a ser carne, vida, eternidad.

La cuaresma es la nueva oportunidad de la Gracia de salvar, rescatar, recomponer, rehacer, lo que la derrota deja diseminado en la batalla del día a día. A veces ya con las armas inservibles que son llamadas a convertirse en arados y podaderas en la viña del Señor. 

Y es la Iglesia quien nos invita con cuidados de madre a devolver la belleza y la fuerza a nuestro corazón. Cuidados de madre en la palabra susurrada como semilla que cae en tierra, rocío que se derrama, y espera paciente que sea brote de vitalidad renovada. Madre que se desvela, que permanece en vela, atenta, despierta a la espera del hijo perdido, del hermano envidioso, de la oveja descarriada, de la moneda perdida. La madre con entrañas, que ayuna, no son días de fiesta mientras no se restaure el alma. La madre con generosa disponibilidad a ser servidora del que gime en el lecho, se duele en su interior, traga lágrimas amargas de sufrimiento.

En este tiempo, tiempo, momento, espacio intenso, pon la mirada en el horizonte, escucha el murmullo de la vida que espera, que despierta y espabila el alma, porque la muerte no es dueña, es compañera de viaje y se queda a la puerta del paraíso.

domingo, 15 de febrero de 2026

YO OS DIGO

 


YO OS DIGO

Jesús nos llama y nos invita a seguirle, estar con él y dejarnos hacer pescadores de hombres (domingo III), nos abre el camino de las bienaventuranzas para hacernos partícipes y poseedores del Reino de los cielos (domingo IV), un reto que reconfigura nuestro proyecto vital, nos hace vivir en una nueva identidad, para ser sal y luz (Domingo V). 

Hoy, lejos de ser el evangelio una retahíla de leyes acumulativas y agobiantes, es una propuesta de hacer camino de verdad, belleza, amor y justicia. Si repasamos el texto, largo, nos lleva a la frase final ·que vuestro sí, sea sí, y vuestro no sea no". ¿Es radicalidad obsesiva y fanática? Creo que no cuando la decisión del seguimiento y la libertad son sumamente respetadas. 

Vemos: 
La ley de Dios como regalo de vida que se transmite y se enseña en palabra y obra, sobre todo en la coherencia.
El respeto y cuidado de la vida, las relaciones fraternas como camino de comunión con Dios convirtiendo nuestra propia vida en liturgia de alabanza al Señor.
El cuidado de las relaciones familiares, la fidelidad en toda su integridad.
Desterrar con energía lo que nos impide la vivencia del Reino. Ser exigente con uno mismo.
Poner la confianza en Dios y esperar en su amor.

Jesús nos llama a realizar nuestra conversión al Reino redescubriendo cada día las capacidades que se nos regalan. Somos en camino con la fuerza de su amor.