LAS DESPEDIDAS NO SON FÁCILES
Vivimos muy pendientes de la imagen que proyectamos, los comentarios que se generan en torno a nuestra vida. Hay quien vive pendiente de los "me gusta". Competidores de botoncito que esperan una recompensa final. Pero la realidad es que así como se esfuman en pocas horas noticias que estaban en boca de todos, así se borrará la memoria, por muy sentida que sea la despedida. Muchos dicen "permanecerás vivo mientras estés en nuestro recuerdo". Pues poco duramos algunos. Los hay que les podría obsesionar como quedará su memoria en la historia, los hay que marcarán un antes y un después por lo mal que lo han hecho o por el daño que han provocado. Pero, no os preocupéis, que todos tendremos una plaquita en la sepultura con epitafios más o menos entrañables.
Jesús, al despedirse, como veremos a lo largo de estos días finales del tiempo pascual, lo hace a un grupo de rudos discípulos de dura mollera con el deseo de que conozcan el plan de salvación que realiza el Padre. No da una clave de acción al estilo de estrategias políticas o militares. Sitúa a cada uno frente a frente a su conciencia desvelando el misterio del corazón y descubriendo la llamada universal al amor, a la justicia, a la belleza, a la verdad. Ser comunidad comienza por abrir a cada uno a la Comunidad de Amor qu4e es Dios mismo.
La llamada de Jesús es la transformación del corazón de cada uno, la invitación a la comunión en el amor, y se pone como signo del deseo de Dios que derramar su Espíritu, que con sus dones, pueda capacitar a esta obra inmensa. Es tiempo de ser, ser uno en el Padre por Jesús. Es tiempo de ser uno en el amor. Es tiempo de superar juntos miedos e incertidumbres. Es tiempo de orar, gustar en el corazón, pasar por las entrañas cada palabra de amor que nos dedica el Señor. Es tiempo de respirar el aire nuevo que se cuela por las rendijas de muestro corazón sellado y provocar que de un golpe se abra a un horizonte que no se agota. Es tiempo de ser construidos en la roca firme.
Las despedidas no son fáciles, y Jesús lo hace del un corazón que navega en el mar infinito del amor.






