LUZ Y ACEITE
Quedan tres domingos para finalizar el año litúrgico. A lo largo de los mismos leeremos el capítulo 25 de s Mateo. Creo que sería interesante dedicar un rato a leer con calma el capítulo entero para tener una visión general. Hoy se proclama la parábola de las diez vírgenes que esperan la llegada del novio para el banquete de bodas, el próximo domingo la parábola de los talentos que un señor que encomienda su hacienda a sus siervos mientras se ausenta. Y la tercerea, que se lee la solemnidad de Cristo Rey del Universo, será la parábola del juicio final. Estas parábolas las cuenta Jesús justo antes de comenzar su pasión. Es una enseñanza de clausura de su predicación. Ya todo está dicho.
La parábola que nos ocupa hoy se puede entender como la llamada a la vida de fe. Es el Hijo de Dios quien ha sido anunciado para invitar a todos a celebrar la fiesta de que la puerta que se había cerrado por el pecado, se abre para festejar el banquete de bodas, la vuelta a la comunión y a la vida. Los profetas habían anunciado la llegada del Mesías, el Salvador. Las diez vírgenes representan a quienes están dispuestos a recibirle. Unas se han ido preparando, están dispuesta para que nada falle. Como nos pasa en nuestra vida que nos disponemos con esfuerzo y sacrificio para que nada falle. Preparar una fiesta familiar, una boda, un encuentro con los amigos, unas vacaciones... todo necesita estar bien preparado, para que sea del gusto de todos, porque creemos en la alegría, la comunión, la unidad, la amistad, la concordia. Así también, aquellas mujeres habían preparado el aceite, llenadas las alcuzas, dispuesto el corazón. Pero las otras cinco se habían abandonado. No se preocuparon, no se trabajaron.
Todas se quedan dormidas. Y despertarlas del sueño es la llamada a la vida. Levantarse del sueño es signo de resurrección. El novio ya llega. El que permaneció en vela, dispuesto, el que se prepara para la comunión del amor en las bodas de su entrega por la esposa, su Iglesia, viene llamando a los que estén preparados para entrar en el Reino.
El aceite y la luz son signos de nuestro bautismo. El el Santo Crisma hemos sido consagrados, en la luz nos unimos por la fe a la luz del Resucitado. Estar dispuestos para entrar con Cristo es disponernos a la belleza y la alegría de la fiesta del Señor. Estar con aceite para llenar las lámparas y alumbrar la noche con cantos de alegría porque el Señor, el esposo, viene a unirse en vínculo eterno con nosotros.
Hoy, la esposa, la Iglesia celebra el día de la Iglesia Diocesana. Demos gracias a Dios porque nos ha llamado a ser miembros de esta comunidad de Tui-Vigo e a crecer en amor testimoniando la vida.
Encomendemos a nuestras comunidades a la Santísima Virgen de A Franqueira pues a ella está consagrada nuestra Diócesis






