TÚ ERES
La relación de Jesús con sus apóstoles es muy especial. Su dedicación a ellos es continua: palabra, gestos, correcciones y felicitaciones, como la de hoy a Pedro, "Bienaventurado". Tienen momentos de tensión, de conversión, de oscuridad y de luz. El discipulado es un ejercicio continuo, necesita de tiempo de madurez, de nuevas etapas de sincera profundidad. Jesús pregunta ¿que dice que soy yo? para vosotros ¿quien soy yo? La respuesta manifiesta el tipo de relación se quiere vivir. Las respuestas que dan no hay nada de negativo: Elías, un profeta, Juan... son referencias a las promesas, pero quien es para mi... y ahora tengo que situar la relación: amigo, hermano, confidente, referente, maestro, ... y sigue viendo lo que Jesús hace en tu vida salvador, redentor, Hijo de Dios, Mesías, Señor... ¿podrían ser también frases hechas, aprendidas?
Tú eres. Y lo que pronuncies sea verdadero deseo de una relación de vida, de amor. Cuando los místicos dicen el Amado, lo hacen desde su propia experiencia de haber sentido arrebatado su corazón, su vida su alma, su ser desde Jesús.
Jesús le concede una identidad nueva y una misión a Pedro. Ser la roca donde se edifique. Recibir las llaves, que como sabéis no les dejamos nuestras llaves a cualquiera. Porque entregar las llaves es dejar la puerta accesible, la casa abierta, lo íntimo abierto a ser compartido.
El Señor abrió para nosotros la puerta del Reino el día de nuestro bautismo. En la puerta nos reciben, nos acogen, nos dan un nombre de hijos e hijas. Nos entregan la luz de la fe, nos hacen miembros de un cuerpo, nos fortalecen con el perdón, nos ungen con el espíritu para vivir en santidad, para ser sacerdotes, profetas y reyes. Somos templo en el que habita el Espíritu Santo. Nuestra identidad pasa a ser hijos e hijas, hermanos, semilla del Reino, luz en la sombra, levadura en la masa. Nuestra identidad se convierte en misión: unidad, comunión, perdón, paz, amor... no son palabras vacías, las hacemos nuestras con los silencios, con el servicio, la disponibilidad, la entrega, la vida que se hace ofrenda como la de Cristo en la Cruz. Alegría y vida que nacen del resucitado que nos llama a vivir en el Amado.
Demos gracias a Dios por el don recibido.






