martes, 10 de noviembre de 2020

NOVENA DE ÁNIMAS. Día 6


 Seguimos este camino de oración.


DIA SEXTO

LA UNIDAD EN DIOS, MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

 

 

Del Evangelio según San Juan: (Jn 15,4 ss)

Dijo Jesús a sus discípulos:

Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.  Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; pues sin mí no podéis hacer nada.

 

 

            La bondad del creyente deja entrever la bondad grandiosa de nuestro Dios. El Espíritu del Señor, como la sabia que alimenta la planta, va llenando el corazón del hombre. Hay muchas personas a las que les hacen homenajes después de su muerte alabando su buen hacer, les erigen monumentos, y les ponen calles con su nombre. El cristiano entiende su vida como una alabanza al que le da la vida: Dios.

 

Es el Señor el que nos ha elegido para que nuestra vida fructifique, y la muerte, es parte de nuestra vida. Puede ser la rebeldía del que no acepta su fin, o por el contrario, la culminación de una peregrinación para seguir, o más bien, encaminarse a la unión definitiva con la fuente de la vida.

 

El P. Cristian Marie Chergé fue uno de los siete cistercienses asesinados en el monte Atlas, donde estaba su monasterio. Un lugar de encuentro con los hermanos musulmanes y donde escribió su testamento. Nos enseña que la muerte, aunque sea cruenta, es una llamada a la unidad en Dios y con los hermanos, especialmente con los que sufren inocentemente.

 

 “Si un día me aconteciera -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que actualmente parece querer alcanzar a todos los extranjeros que viven en Argelia, quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida ha sido donada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de todas las vidas no podría permanecer ajeno a esta muerte brutal. Que rezaran por mí: ¿cómo ser digno de semejante ofrenda? Que supieran asociar esta muerte a muchas otras, igualmente violentas, abandonadas a la indiferencia y el anonimato. Mi vida no vale más que otra. Tampoco vale menos. De todos modos, no tengo la inocencia de la infancia. He vivido lo suficiente como para saber que soy cómplice del mal que ¡desgraciadamente! parece prevalecer en el mundo y también del que podría golpearme a ciegas. Al llegar el momento, querría poder tener ese instante de lucidez que me permita pedir perdón a Dios y a mis hermanos en la humanidad, perdonando al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiere golpeado.

Y a ti también, amigo del último instante, que no sabrás lo que estés haciendo, sí, porque también por ti quiero decir este gracias y este a-Dios en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea dado volvernos a encontrar, ladrones colmados de gozo, en el paraíso, si así le place a Dios, Padre nuestro, Padre de ambos.


Unidos en comunión de vida y amor en el Señor, presentemos nuestra oración confiada diciendo:

 

Únenos en tu amor, Señor.

 

1.      Por la Iglesia llamada a ser testimonio de unidad.

2.      Por los países que viven en guerras.

3.      Por las familias que sufren divisiones.

4.      Por los que sufren en su interior la división fruto del pecado.

5.      Por nosotros miembros del Cuerpo de Cristo que es su Iglesia, para que seamos testimonio de la unidad en el amor.

6.      Por los difuntos, para que sean admitidos en el banquete del Reino de los cielos.

 

 

 

 

Oración al Cristo Crucificado.

Atribuida a San Juan de Ávila

No me mueve mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tu me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte, 

Mueveme en fin, tu amor de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera. 

No me tienes que dar por que te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.


RESPONSO

Sacerdote: -No te acuerdes, Señor, de nuestros pecados.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, Dios nuestro, dirige nuestros pasos en tu presencia.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: -Cristo, ten piedad.

R.-Cristo, ten piedad.

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Todos: Padre nuestro...

 

Sacerdote: -Libra, Señor, sus almas

R.-De las penas del infierno

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Señor, escucha nuestra oración

R.-Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Sacerdote: -El Señor esté con vosotros

R.-Y con tu espíritu

 

Sacerdote: Oremos: Te rogamos, Señor, que absuelvas las almas de tus siervos difuntos de todo vínculo de pecado, para que vivan en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno

R.-Y brille para ellos la luz eterna

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R.-Amén

 



lunes, 9 de noviembre de 2020

NOVENA DE ÁNIMAS día 5


Nuestro camino de oración continúa acompañados por el testimonio de hombres y mujeres de fe que, desde Cristo Resucitado, comprenden y asumen el sentido de la muerte. 

DIA QUINTO

LA VIDA, GENEROSA ENTREGA.

 

Del Evangelio según San Juan: (Jn 12, 24)

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: «Padre, líbrame de esta hora? ¡Sí, para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!». Entonces se oyó una voz del cielo: «Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar».

 

La vida tiene sentido en la entrega. Dios no se reservó nada sino, que por amor, nos lo entrega todo. Como el Padre que se olvida de sí mismo nos crea, nos educa, nos cuida, nos da la libertad, nos consuela, nos alimenta, nos fortalece, nos auxilia, y si le devolvemos mal por bien, nos acoge y nos perdona.

 

Y ¿nosotros? Pensamos en nosotros, en nuestras cosas, materiales o espirituales. La vida se comprende desde la ofrenda de uno mismo, y la muerte, como la de Jesús, es la ofrenda del amor.

 

Santa Benedicta de la Cruz, joven de origen judío, acogió la fe y se entregó a la vida contemplativa en el Carmelo. Una mujer buscadora de la verdad en el estudio y la filosofía. Durante la persecución de los judíos durante la segunda guerra mundial en Holanda es llevada al campo de concentración de Auschwitz. Antes de su muerte escribe su testamento. Su martirio quiere ser la ofrenda a Dios para el bien de su pueblo y la conversión de los que viven inmersos en el mal. Aprendamos, en la comunión de los santos, que cada gesto, cada palabra buenas, cada obra, cada oración, ayuda unidos en Cristo, a que el mundo sea presencia del reino de Dios. Escuchemos las palabras de Santa Benedicta:

 

 

Agradezco de todo corazón a mis queridas superioras y a todas las queridas hermanas el amor con que me han acogido y todo lo bueno que se me dio en esta casa. Desde ahora acepto con alegría, y con absoluta sumisión a su santa voluntad, la muerte que Dios ha preparado para mí. Pido al Señor que acepte mi vida y también mi muerte en honor y gloria suyas; por todas las intenciones del Sagrado Corazón de Jesús y de María; por la Santa Iglesia y, especialmente, por el mantenimiento, santificación y perfección de nuestra Santa Orden, en particular los conventos Carmelitas de Colonia y Echt; en expiación por la falta de fe del pueblo judío y para que el Señor sea acogido por los suyos; para que venga a nosotros su Reino de Gloria, por la salvación de Alemania y la paz en el mundo. Finalmente, por todos mis seres queridos, vivos y muertos, y todos aquellos que Dios me dio. Que ninguno de ellos tome el camino de la perdición.

 

 

En Cristo, entregado por nuestra salvación, oremos confiadamente diciendo:

 

Señor ten piedad de nosotros

 

1        Para que la Iglesia, esposa de Cristo, muestre la belleza de la caridad con los más pobres.

2        Para que los gobernantes no abandonen a los que sufren.

3        Para que los emigrantes y desplazados sean acogidos y respetados

4        Para que jóvenes no caigan en la droga, el alcohol y otras formas de esclavitud.

5        Para que los parados encuentren trabajo.

6        Para que los difuntos reciban el perdón y la paz.

 

 

Oración del Papa Benedicto XVI en la carta Deus cáritas est

Santa María, Madre de Dios,
tú has dado al mundo la verdadera luz,
Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.
Te has entregado por completo
a la llamada de Dios
y te has convertido así en fuente
de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.
Enséñanos a conocerlo y amarlo,
para que también nosotros
podamos llegar a ser capaces
de un verdadero amor
y ser fuentes de agua viva
en medio de un mundo sediento

RESPONSO

Sacerdote: -No te acuerdes, Señor, de nuestros pecados.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, Dios nuestro, dirige nuestros pasos en tu presencia.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: -Cristo, ten piedad.

R.-Cristo, ten piedad.

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Todos: Padre nuestro...

 

Sacerdote: -Libra, Señor, sus almas

R.-De las penas del infierno

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Señor, escucha nuestra oración

R.-Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Sacerdote: -El Señor esté con vosotros

R.-Y con tu espíritu

 

Sacerdote: Oremos: Te rogamos, Señor, que absuelvas las almas de tus siervos difuntos de todo vínculo de pecado, para que vivan en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno

R.-Y brille para ellos la luz eterna

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R.-Amén

 












domingo, 8 de noviembre de 2020

NOVENA DE ÁNIMAS. Día 4

 

Este domingo seguimos el itinerario de reflexión y oración. Mucho ánimo y pidamos la fortaleza para seguir adelante.

DIA CUARTO

LA VIDA, ABANDONO EN DIOS

 

 

De la Carta de San Pablo a los Romanos: (Rm 14,8)

Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí.

Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor.

Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos.

Entonces, ¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios

 

A Jesús no le resultó fácil aceptar el trance de la muerte. El plan de salvación “diseñado” es imposible para los hombres. En su agonía del huerto nos enseña que el cáliz es para todos los creyentes, así nos dice “El que quiera ser discípulo mío que cargue con su cruz y me siga”.

 

Carlos de Foucaul fue un hombre asaltado en su corazón por el amor de Dios. Su vida, después de la conversión, transcurrió como monje entre la oración y la vida en el desierto, haciéndose hermano de los tuarej de Argelia. El era consciente que, tarde o temprano, ese amor tendría que convertirse en ofrenda con su propia vida. Fuese en el martirio, como así ocurrió, o en la vida sencilla que él identificaba con el hogar de Nazaret.

 

Cada día nuestra historia pasa en lo cotidiano y sencillo, y ahí es donde Dios nos llama a vivir la santidad. Escuchemos las palabras escritas poco antes de morir:

 

 

Sea cual fuere el motivo por el que nos maten, si recibimos la muerte injusta y cruel como un don bendito de tu mano, si te la agradecemos como una dulce gracia, una imitación feliz de tu fin, si te la ofrecemos como un sacrificio ofrecido de muy buena voluntad, si no nos resistimos para obedecer a tu palabra: "No resistan al mal" y a tu ejemplo: "Se dejó no solo esquilar sino degollar sin quejarse", entonces, sea cual fuere el motivo que tienen para matarnos, moriremos en el puro amor, y nuestra muerte te será un sacrificio de muy agradable olor, y si no es un martirio, en el sentido estricto de la palabra y a los ojos de los hombres, lo será a tus ojos y será una imagen muy perfecta de tu muerte... porque si, en este caso, no hemos ofrecido nuestra sangre por la fe, la habremos ofrecido y entregado, de todo corazón, por tu amor..."


 

Al Padre bondadoso presentamos nuestras intenciones y las de todos, especialmente por nuestros difuntos, diciendo:

 

Nos abandonamos en Ti Padre.

 

1        Al comenzar nuestra jornada, poniéndonos en tus manos.

2        Al realizar las tareas de cada día.

3        Al construir la unidad en nuestra familia.

4        Al encontrarnos con los demás.

5        Al hacer la caridad.

 

 

 

 

Unámonos en la oración que él nos dejó como perfecto abandono en Dios

 

Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme, 

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza, 

Porque tú eres mi Padre.

RESPONSO

Sacerdote: -No te acuerdes, Señor, de nuestros pecados.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, Dios nuestro, dirige nuestros pasos en tu presencia.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: -Cristo, ten piedad.

R.-Cristo, ten piedad.

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Todos: Padre nuestro...

 

Sacerdote: -Libra, Señor, sus almas

R.-De las penas del infierno

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Señor, escucha nuestra oración

R.-Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Sacerdote: -El Señor esté con vosotros

R.-Y con tu espíritu

 

Sacerdote: Oremos: Te rogamos, Señor, que absuelvas las almas de tus siervos difuntos de todo vínculo de pecado, para que vivan en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno

R.-Y brille para ellos la luz eterna

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R.-Amén

 




sábado, 7 de noviembre de 2020

NOVENA DE ÁNIMAS: Día 3

 


Seguimos avanzado en la reflexión y oración desde el testimonio de hombres y mujeres de fe que nos dejaron es sus testamentos espirituales una fuente de serenidad y paz frente al misterio de la muerte


DIA TERCERO

LA SENCILLEZ DE DAR GRACIAS POR TODO

 

 

            Del Evangelio según San Mateo: (Mt 11,25)

Jesús dijo:

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.  Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

 

La humildad es el camino que nos ayuda a reconocer nuestra propia existencia. La vida adquiere su perfecto conocimiento en la sencillez. Cuantas veces le estamos dando gracias a Dios por las cosas que hacemos, los logros que conseguimos, los objetivos logrados, olvidándonos de lo esencial, que El es el hacedor de todo. Al enfrentarnos  a la muerte descubrimos nuestra propia limitación, es la gran humillación del hombre. Por eso, el Hijo de Dios hecho hombre, asume en sí la muerte, y muerte de cruz. El siendo igual a Dios se humilló a si mismo. El se hace culpable, siendo inocente, para liberar a los que estamos bajo el yugo del pecado; El se hace esclavo, para que nosotros vivamos en la libertad de los hijos.

 

La vidente de Lourdes, Santa Bernardita Soubirous, siempre se ve como última, la pobre enferma que en el convento “no vale para nada”. Su muerte prematura, entre dolores y sufrimientos, es la llamada a vivir la sencillez y la humildad. Su testamento nos descubre un alma transparente que da gracias por todo, incluso lo que nos resultaría desagradable de aceptar. Dejó escrito:

 

Por la miseria de papá y mamá, la ruina del molino, el tablón de la desgracia, el vino del cansancio, las ovejas sarnosas, ¡gracias, Dios mío!

Porque he sido una boca más que alimentar, por los niños, por las ovejas guardadas, gracias.

Por los días que viniste, Virgen María, y por aquellos en los que te he esperado, no sabré daros gracias más que en el Paraíso.

También por las risas, los ultrajes por quienes me creyeron loca, por los que me tomaron por mentirosa, ¡gracias, Virgen María!

Por la ortografía que nunca aprendí, la memoria que nunca tuve, por mi ignorancia y estupidez, gracias.

¡Gracias, gracias! Pues si hubiese habido en la tierra una niña más tonta y estúpida, la habríais escogido a Ella.

Por la madre Josefina, que dijo que yo no era buena para nada, gracias.
Por la maestra de novicias, su voz dura, su severidad, sus burlas y el pan de la humillación, gracias.

Por este cuerpo mísero que me has dado, esta enfermedad de fuego y de humo, mi carne podrida, mis huesos cancerosos, mi fiebre, mis dolores apagados con llanto ¡gracias, Dios mío!

Y por esta alma que me has dado, por el desierto de la sequedad interior, por la noche y por tu luz, por tus silencios y tus rayos, por todo, por el tiempo en que has estado ausente y por el que has estado presente, gracias Jesús.

 

 

 

A ti, Señor, que te humillaste hasta muerte, oramos diciendo:

 

Danos un corazón humilde.

 

1        Cuando nos creemos superiores a los demás.

2        Cuando nos rebelamos a tu voluntad.

3        Cuando nos cuesta aceptar los defectos.

4        Cuando nuestros proyectos fracasan.

5        Cuando nos buscamos a nosotros mismos.

6        Cuando no creemos en la eternidad.

 

 

 

 

LA VIDA. Oración de Teresa de Calcuta

 

La vida es una oportunidad, aprovéchala.

La vida es belleza, admírala.

La vida es beatitud, saboréala.

La vida es un sueño, hazlo realidad.

 

La vida es un reto, afróntalo.

La vida es un juego, juégalo.

La vida es preciosa, cuídala.

La vida es riqueza, consérvala.

La vida es un misterio, descúbrelo.

 

La vida es promesa, cúmplela.

La vida es amor, gózalo.

La vida es tristeza, supérala.

La vida es un himno, cántalo.

La vida es una tragedia, domínala.

 

La vida es aventura, vívela.

La vida es felicidad, merécela.

La vida es es vida, defiéndela.


RESPONSO

Sacerdote: -No te acuerdes, Señor, de nuestros pecados.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, Dios nuestro, dirige nuestros pasos en tu presencia.

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna

R.-Cuando vengas a juzgar al mundo

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: -Cristo, ten piedad.

R.-Cristo, ten piedad.

 

Sacerdote: -Señor, ten piedad

R.-Señor, ten piedad.

 

Todos: Padre nuestro...

 

Sacerdote: -Libra, Señor, sus almas

R.-De las penas del infierno

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Jesús, escucha nuestra oración

R.-Y llegue a ti nuestro clamor.

 

Sacerdote: -El Señor esté con vosotros

R.-Y con tu espíritu

 

Sacerdote: Oremos: Te rogamos, Señor, que absuelvas las almas de tus siervos difuntos de todo vínculo de pecado, para que vivan en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Sacerdote: -Dales, Señor, el descanso eterno

R.-Y brille para ellos la luz eterna

 

Sacerdote: -Descansen en paz

R.-Amén

 

Sacerdote: -Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R.-Amén