BIENAVENTURADOS
El domingo pasado fuimos llamados por Jesús a participar de un camino de conversión. Primero la nuestra, personal, acogiendo el Reino de los cielos; después, siendo discípulos para ser pescadores de hombres. Una llamada universal a reorientar el rumbo de la vida, repasar el libro de bitácora para ver los errores y aciertos de la travesía, repasar las redes y los vínculos, reconsiderar las tareas que se nos ha designado en la misión.
Asumir la pertenencia al Señor hace confluir lo que ya es realidad y lo que es promesa. El domingo pasado nos decía, venid y os haré. Hoy, en la predicación en la montaña, Jesús nos relata en las bienaventuranzas, lo que ya es posible, es regalo y lo que se nos dará en recompensa. Los pobres en el espíritu y los perseguidos a causa de la justicia, nos dice, son poseedores del Reino de los cielos. Ya les pertenece, Al que vive en la libertad de espíritu de ser pobre, libre por no estar atado a las posesiones, al tener, y el que, es perseguido por ser justo, por defender la justicia, por amar y buscar la verdadera justicia, ya son miembros por derecho del Reino. El resto de las bienaventuranzas nos sitúan en un proyecto de futuro, nos dice heredarán la tierra, serán consolados, verán a Dios... es el mismo Jesús quien nos sitúa ante un viaje de plenitud que va madurando en el día a día, con la fuerza de su Espíritu.
Ya somos bienaventurados por haber sido llamados.
María es mujer bienaventurada, feliz por haber creído, por confiar, por ser la mujer fuerte, por su constancia, por su humildad y pobreza, por su coraje y constancia. La mujer limpia de corazón que nos entrega al mismo Dios.
Bienaventurada María por ser tan valiente y generosa
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