SILENCIO, ESCUCHA
Seguimos camino. El desierto invita al silencio. El cielo, la tierra árida, el silencio que se rompe en el viento, la nada que se hace palabra en el corazón. Camino, peregrinación. Camino que se llena de pasos inciertos, dudosos, tentados y tentadores, miedos, infinita mirada que se pierde en el horizonte.
Jesús hace camino. Cada cruce en el destino es una oportunidad para proclamar el final, es Jerusalén, meta de la peregrinación del devoto judío que se reúne en la Pascua para conmemorar el paso liberador del Dios de Abrahán, Isaac y Jacob. Hace camino y su palabra se clava como un puñal en las expectativas de los discípulos. Lo hemos dejado todo, piensan, vivimos sin lugar fijo, sin recursos, y ahora que nos queda, muerte, violencia injusta, y algo desconocido, incomprensible, resurrección.
La transfiguración no es un efecto circense, ni un juego de magia, ni un juego manipulador para convencer a unos incrédulos discípulos. Transfiguración es profecía de la pascua, oasis en el horizonte de tinieblas, rayo de luz entre nubes negras de tormenta. Es la ascensión a la montaña, junto a Moisés y Elías, que pasaron 40 días para recibir la ley e iniciar el camino profético. Jesús condensa la historia de la Alianza antigua y la renueva en el mandato del Señor: este es mi Hijo, escuchadle. Ahora, la luz que resplandece, es la Palabra que se hace vida, presencia.
El papa León nos invita a la escucha en esta cuaresma. En medio de tantos ruidos, haz silencio. Desierto. No se escucha de cualquier forma. Todos hemos experimentado la indiferencia de nuestro mensaje cuando el oyente está ausente. ¿Piensas que la palabra que Dios nos dirige en su Hijo puede ser recibida con indiferencia?
El papa nos recuerda que la escucha es una acción divida. Es Dios quien escucha el clamor de su pueblo. Adentrarse en Dios, en su conocimiento, lleva saber adentrase en el corazón del hombre y sus pesares, y viceversa, entrar en el corazón del hombre nos lleva a la búsqueda de Dios. Nos dice León XIV "Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia»."
En la noche se enciende la luz. Mantén los ojos abiertos.
En el silencio surge la Palabra. Mantén los oídos atentos.
En la soledad viene el Amigo. Ten la puerta abierta.
En la tristeza sorprende el abrazo. Extiende tus manos.
En la muerte se intuye la vida. Nada está perdido.
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